¿Por qué es importante educar las emociones de los niños en casa y en la escuela?

Las emociones nos acompañan todos los días, las llevamos tan interiorizadas que en ocasiones nos resulta complicado darnos cuenta de ellas. Si nos preguntan cómo estamos, tendemos a contestar ¡Bien! o ¡Muy bien! Pero, ¿realmente es así?

Hasta hace algunos años la educación emocional consistía en enseñar a reprimir ciertas emociones. Por ejemplo, le enseñábamos a los niños a no llorar, porque era un síntoma de debilidad. Esta represión tarde o temprano generaba en el niño poco control sobre sus emociones en diversas situaciones, lo que podía traerle complicaciones en sus relaciones con los demás. Ahora, gracias a los aportes de Daniel Goleman sobre inteligencia emocional, el concepto de educación emocional ha cambiado. Si enseñamos a los niños a identificar las emociones positivas o negativas, a comprender por qué se sienten así, les ayudará a gestionar y controlar sus reacciones frente a los demás. En este sentido, es importante que desde la casa y en la escuela podamos enseñarles con nuestro ejemplo, a gestionar adecuadamente sus emociones, para que sean capaces de enfrentarse a los problemas que se presentan en la vida cotidiana.

En esta ocasión, te presentamos información sobre qué son las emociones, la función que cumplen en nuestra vida y algunas recomendaciones para docentes y padres de familia, a fin de ayudar a gestionarlas en los más pequeños.

Las emociones son reacciones positivas o negativas que se expresan en nuestra conducta, frente a algunas situaciones, o información que recibimos en nuestro medio o entorno.

Cada emoción prepara al organismo para una clase distinta de respuesta; por ejemplo, el miedo provoca un aumento del latido cardiaco que hace que llegue más sangre a los músculos favoreciendo la respuesta de huida.

Cada persona experimenta una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, su aprendizaje y del contexto de la situación.

Las emociones no son causadas propiamente por la situación, sino por los pensamientos o creencias que tenemos de esa situación. Por ejemplo, si una persona ve una araña, puede que no se espante ni la considere un peligro o amenaza; mientras que para otra persona, puede ser un peligro, grita ante su presencia, sale corriendo o pide ayuda. Ambas reacciones se deben a las experiencias o aprendizajes previos con este insecto.

La mayor parte de las conductas se aprenden, sobre todo de los padres, de los profesores y de las personas que rodean al niño. Para ayudar al niño a que aprenda a manejar sus emociones es necesario que padres y profesores cuenten con la suficiente información como para poder regular y controlar sus estados emocionales y facilitar que los niños los aprendan y desarrollen.

La coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos es indispensable para educar al niño. Si no lo confundiremos.

Aquí algunas recomendaciones para los padres de familia:

  • Enseña a tus hijos a no reprimir sus emociones. Es importante que los niños aprendan a expresar lo que sienten de acuerdo con el momento, la situación y las personas presentes.
  • No existen emociones buenas o malas emociones. Ciertas emociones, como la ira, la tristeza o el miedo suelen definirse como negativas, pero todas las emociones tienen algo positivo. Por ejemplo, la ira es muy importante, porque nos ayuda a evolucionar y crecer interior y exteriormente. Así, cuando no obtenemos nuestros objetivos y nos enojamos con nosotros mismos, esta emoción nos da fuerza para luchar por lo que queremos y nos ayuda a superarnos. Por eso, es importante que no la ignoremos en los niños ni intentemos que la repriman; eso sí, siempre que la canalicemos adecuadamente. Para lograrlo, te sugerimos que mantengas el control, ya que los niños imitan lo que ven. El dicho «haz lo que yo diga y no lo que yo haga» no vale con los niños. Si cuando te enfadas con él le gritas o incluso le insultas, será lo que él haga cuando sienta ira. Pero si le demuestras una actuación coherente el enfado desaparece, lo percibirá como una forma de expresión eficaz.
  • Trata de mantener el control contando hasta diez, respirando profundamente, haciendo un alto para pensar antes de actuar, hablando en un tono bajo, pero firme.
  • Dedica tiempo para crear espacios de diálogo. Puede usar preguntas abiertas para generarlo: ¿qué has hecho hoy en el colegio? ¿Cuál ha sido tu mejor momento del día?
  • Escucha a los niños. Respeta y comprende que ellos a veces no necesitan consejos, solo que los escuchen y los comprendan. Por ejemplo, le puedes decir «Qué difícil habrá sido para ti aguantar esos insultos sin haber sabido qué decir» en vez de «¿y por qué no le has respondido? El niño se siente mal por lo ocurrido y decirle esto, lo afectaría más.
  • Evita negar las emociones de los niños expresando, por ejemplo, «¿Cómo te vas a enfadar por esa tontería?». Escúchelo sin criticarlo.

Las emociones nos sirven para realizar el proceso de adaptación social. Si la educamos de manera adecuada podrá facilitar la integración y la relación con los demás.

Enseñarles a los niños y las niñas a manejar sus emociones podrá ayudar a prevenir la depresión, la agresividad, el estrés, las adicciones, entre otras.

El autocontrol de nuestras emociones, nos pueden ayudar a tomar decisiones adecuadas y a elegir la opción más adecuada.

Para trabajar las emociones con los niños en el aula es necesario reflexionar sobre nuestras fortalezas y debilidades, y controlar la expresión de nuestros estados emocionales para desarrollar la empatía, crear seguridad para la expresión de sus sentimientos y potenciar la motivación. Aquí te brindamos tres actividades:

Identificación de las emociones

Ayúdales a conocer las señales emocionales de la expresión facial, los movimientos corporales y el tono de voz. Para ello, puedes proponer algunas actividades en las que se reflejen las señales faciales de cada emoción o sentimiento. Por ejemplo, puedes presentarles fotos o imágenes de las emociones y preguntar: ¿qué le pasa o siente el niño de la foto? , ¿por qué razón se sentirá así? De esta manera puedes iniciar un diccionario de emociones con las imágenes, colocarlas en un panel, escribir el nombre de la emoción que representan y hablar de una emoción en concreto (Cómo se manifiesta físicamente, qué cosas nos producen, qué pensamientos nos provoca, qué podemos hacer al sentirla). Lo recomendable es trabajar un par de emociones básicas y poco a poco ir ampliando progresivamente a otras emociones más complejas. Considera la edad de los niños para ello.

Enséñale a comprender las emociones a través de los cuentos

Es necesario ayudar al niño a reconocer que las emociones están asociadas a situaciones concretas, y un material de gran ayuda son los cuentos infantiles. Para ello elige bien el cuento que te ayude a trabajar las emociones sin perder de vista la función de la literatura en la infancia (lúdica, social, literaria). Pregunta sobre aspectos emocionales del cuento. Por ejemplo, ¿qué crees que siente el personaje?, ¿por qué?, ¿qué te lo indica?, y si estuviera contento, ¿cómo lo sabrías?, ¿cómo crees que podría actuar?, ¿qué harías tú en su lugar?, ¿cómo podría calmar su enfado o rabia? Te sugerimos que para esta actividad puedas utilizar los cuentos de la biblioteca de tu escuela como Una mamá para Owen (Marion Dane Bauer) o Elmer (David Mckee), también La reina de los coloresLa rabieta de Julieta o aquellos que elijas según la necesidad de los niños.

El teatro de emociones

  • Representar personajes de historias a través del teatro. El teatro ayudará a los niños a representar las historias contadas, historias inventadas o recreadas por ellos mismos, donde aparecen diferentes emociones. Esta actividad permitirá trabajar, liberar y expresar emociones.
  • Dado de las emociones: en cada cara del dado se representa una emoción que se desee trabajar. Los niños se deben sentar en círculo. Un participante tira el dado y deberá expresar la emoción que le tocó y explicar que ha experimentado con relación a este estado de ánimo en ocasiones pasadas.
  • Juego de roles: puedes recrear una conversación entre varios participantes y cada uno debe representar diferentes roles y emociones. Al final de este ejercicio, los niños pueden descubrir qué tipo de emoción representaba cada participante.